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SAN JERÓNIMO DE PÍNTAG, UNA HISTORIA, UN LEGADO

  • pintagec
  • 1 ago 2017
  • 2 Min. de lectura

A partir de que Píntag pasa a ser reconocida como parroquia eclesiástica en el año de 1667, también se la empieza a conocer como “San Jerónimo de Píntag”, designación que rinde homenaje al patrono San Jerónimo y al valeroso cacique Píntag; es así como en esta localidad tiempo atrás una historia se encargó de unir la fantasía con las creencias populares, teniendo como resultado un leyenda latente en la memoria de las personas a través de los siglos.


Conocer la historia de San Jerónimo, es remontarse a un pasado lleno de sacrificio, amor y entrega; es por ello que varios feligreses acudían a él desde distintos lugares de Quito a clamar por el perdón de sus pecados, así como la solución a sus problemas y necesidades.


La leyenda cuenta que para satisfacer los pedidos de sus fieles, el santo recurría a la autoflagelación, para lo cual tomaba una pequeña piedra en sus manos y se golpeaba el pecho hasta sangrar, de este modo alcanzaba la acción de gracia del supremo, tras este acontecimiento varias personas comenzaron a enterarse sobre estos milagros, por lo cual acudían cada vez más y más a su presencia; no obstante producto de su forma de penitencia su salud se fue deteriorando, finalmente con un cuerpo marcado por varias laceraciones, se produjo el deceso de este personaje.


Hecho que conmocionó a todos los pinteños, por ello en su honor tallaron su figura en mármol y la colocaron en el sector de Paspana, además con su recuerdo presente en el corazón de cada persona, tiempo después, se logró que estos milagros lleguen a los oídos del Vaticano, consiguiendo que el Santo Papa de Roma apruebe su beatificación; una vez reconocido por la iglesia Católica, se relata que en la capilla de Paspana, una religiosa autorizó el traslado de la figura al sector de Tolóntag, sin embargo cuando el grupo de hombres que transportaban a San Jerónimo se detuvo a descansar, se llevaron una gran sorpresa, pues al tratar de retomar su recorrido se tornó imposible levantarlo.


A pesar de su gran esfuerzo estos campesinos no pudieron mover la estatua, por lo que alarmados acudieron a la sacristía, es así como este grupo de religiosos una vez corroborada la situación, manifiestaron al pueblo del milagro, por lo cual ordenan que en ese lugar se construya inmediatamente una iglesia, es así que mediante varias mingas se logró el término de esta obra.


Hoy en día su presencia continúa en aquel lugar donde un día la efigie de San Jerónimo decidió permanecer, este patrono conserva en su mano derecha la piedra con la que solía flagelarse, simbolizando un legado de esfuerzo, reflexión y amor por su pueblo; desde aquel día se encuentra en la iglesia Matriz de Píntag, cerca del altar mayor.


Es así como la historia de San Jerónimo es un relato que evidencia la expresión colectiva de la cuna del cóndor, leyenda que hasta el día de hoy perdura en todos los habitantes de Píntag, pues saben bien que este líder los vigilará y protegerá hasta el final de los tiempos.


 
 
 

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